Santillana del Mar

 

 
Santillana del Mar es, junto con Barcena Mayor, una de las poblaciones más antiguas de Cantabria. Siendo monumento histórico-artístico nacional desde 1889, sus construcciones forman un grupo compacto, conjuntándose admirablemente.

A dos kilómetros de la villa, están situadas las famosas Cuevas de Altamira, descubiertas en 1879 por Marcelino Sáinz de Sautuola. Pasáron más de veinte años antes de que se reconocieran las cuevas como auténticas piezas únicas. Sus pinturas están realizadas en un rojo sangriento y matizadas en negro. Junto a ellas se ha abierto una exposición permanente de arte prehistórico y un centro investigador arqueológico. Se están realizando unas cuevas, réplica de las originales, con objeto de preservar el patrimonio de las primitivas cuevas de Altamira.

Volviendo a Santillana del Mar, nació como núcleo urbano en la época romana. En la Edad Media surge un monasterio que origina la formación de la actual Santillana. Este monasterio se crea con objeto de guardar los restos de Santa Juliana, mártir en tiempos de Diocleciano. El nombre de la Santa ocasionó el nombre de la población. La localidad va adquiriendo importancia y en el siglo XI, y a principios del XII, se construye la actual iglesia que pertenece al estilo románico "dinástico" aunque posea elementos posteriores que se han acoplado perfectamente al conjunto. En el siglo siguiente se construiría el claustro. Cuando la abadía pasa a Santander, Santillana comienza a perder su centralidad e importancia, pero ayudará a su mantenimiento como foco cultural el convento de Regina Coeli. Su núcleo urbano, guarda una configuración típica de la antiguedad.

Una larga calle parte de la Colegiata, que es el centro urbanístico en torno a la cual gira la actividad. Otra vía comunica la villa con el exterior. En este caso con Asturias y Galicia, formando una ruta de peregrinaje aún anterior al Camino de Santiago. La superación en la Baja Edad Media del poder civil en detrimento del poder eclesiástico, crea otro centro en la antigua capital de las Asturias de Santillana. La Torre en la que habitaría el merino se construyó apartada, creando otro centro en la villa, la plaza de Ramón Pelayo. Esta es la organización básica de la antigua población. En ella no existieron murallas, lo que justifica la construcción de las casas nobles en forma de torres, con el objeto de resistir posibles asedios. Toda la villa de Santillana, aparte de sus extensísimas construcciones, es un monumento digno de ser admirado con quietud e interés.

Como se ha citado anteriormente el orígen de la villa se remonta a los primeros siglos de la Edad media cuando un grupo de monjes que poseían las reliquias de una santa virgen de nombre Juliana, martirizada según la tradición en Nicomedia de Bitinia (actual Turquía) durante la persecución de Diocleciano, se asentaron en este lugar fundado una pequeña ermita, que con el tiempo, se transformó en gran monasterio, con el ayoyo de privilegios reales y de las donaciones de nobles y llegando a poseer un amplio dominio señorial que se extendía por la parte occidental de nuestra región.

A mediados del s. XII como fruto de esa expansión económica, se levantó la actual construcción, datando de esta misma época su transformación en Colegiata, al cambiar la regla monástica benedictina por la de canónigos de San Agustín. El edificio más relevante es el templo, que sigue la tendencia del románico internacional difundido a través del Camino de Santiago. Con su planta de tres ábsides, crucero y tres naves es el más amplio del románico regional, destacando sus capiteles que reflejan temas de lucha de guerreros y caballeros legendarios, como San Jorge y el dragón; bíblicos, como Adán y Eva; y otros de temática obscena. El claustro, adosado a la fachada norte del edificio, se considera una de las muestras más exquisistas de la escultura románica, pues su repertorio iconográfico constituye una síntesis de los principales motivos del románico: lacerías, vegetales estilizados, geométricos, animales entrelazados, temas alegóricos y evangélicos, así como, escenas cotidianas próximas al gótico.

En torno al antiguo monasterio se fue configurando la villa, que tomó su mismo nombre: Santa Juliana, Santillana. En el siglo XIII existía la "rúa del Rey", calle principal que parte del mismo atrío de la colegiata a lo largo de la cual, se fueron jalonando las torres, casas, plazas, solares, huertos y corrales. Destacamos entre ellas la torre de Velarde, cuya familia construyó a mediados del s. XVI el impresionante palacio sito frente a los ábsides de la colegiata, y la casa de doña Leonor de la Vega, madre del primer Marqués de Santillana, a quien el rey castellano Juan II y a sus sucesores, los Duques del Infantado, concedió en 1445 el señorío de la villa. A partir del xs.XIV se crea un nuevo espacio urbano -la actual Plaza Mayor, o plaza del Mercado, (así llamada porque allí se celebraba un mercado semanal, desde la concesión del Fuero a la villa por Alfonso VII en 1209) donde se encuentran las torres góticas como la del Merino, representante del rey en la villa, entonces capital de la Merindad de las Asturias de Santillana-, y la torre de don Borja, actual sede de la Fundación Santillana, así como notables palacios de la época barroca, como el Ayuntamiento o el palacio Barreda (hoy Paarador Nacional Gil Blas).

En el s. XVII se edifican dos conventos de Dominicos a las afueras del pueblo: el de "Regina Coeli", que en la actualidad alberga al Museo Diocesano, junto al campo del Revolgo (donde tenína lugar las fiestas y torneos), de estilo clasicista herreriano, en perfecta unión con la arquitectura tradicional montañesa y, el convento de San Ildelfonso (monjas).

También se construyen un buen número de casonas y palacios, con arcadas, soportales y balcones volados que proporcionan el aspecto noble que ha mantenido Santillana hasta nuestros días.

El reconocimento nacional e internacional de la peculiaridad artística de nuestra villa se remonta a finales del s.XIX y se fundamenta en los escritos de literatos como Perez Galdós o Emilia Pardo Bazán; así como, por el descubrimiento en sus aledaños de las Cuavas de Altamira (1879), que contienen el mejor conjunto de pintura rupestre del Paleolítico europeo.


También, la proximidad de Comillas, villa del Marqués y residencia veraniega de los Reyes, atrajo a la pujante burguesía madrileña y catalana, constituyendose en indispensable la visita a Santillana. Esta afluencia de visitantes se ha incrementado en la actualidad con nuevos atractivos culturales -Museo Diocesano, Fundación Santillana, Museo de las Comarcas (etnografía regional), Museo Jesús Otero, fiestas populares y festivales- que hacen presente el recuerdo de un pasado que en Santillana se conserva imborrable a través del arte y la poesía de sus seculares piedras.